Brazadas históricas: Relatos de grandes nadadores de aguas abiertas

By junio 29, 2021Arica, Nacional

En la historia de la humanidad el mar no sólo ha sido fuente de vida o impulsor de nuevas ciudades e imperios, sino también ha significado sueños, frustraciones y desenlaces fatales. El mar es un elemento de todo o nada, de fluir o estancarse y sólo los más aguerridos han podido contarlo.

Es en este contexto en donde nacieron mitos y leyendas que perduraron desde la antigüedad hasta hoy, dioses y héroes marinos han sido sucedidos por mortales que desafían los límites de las aguas eternas. Es así que nacen los deportistas extremos. Mujeres y hombres que
sobrepasan los estándares normales para transformarse literalmente en peces que derriban cualquier obstáculo que se les interponga entre lo posible e imposible, para ser así nadadores de aguas abiertas.

Esta disciplina tiene sus inicios desde el comienzo de nuestra era, cuando los más avezados hombres competían en quien cruzaba al otro lado de un lago, playa o río, muchos abortaban en el intento y otros jamás volvieron. Fue en esta arriesgada maniobra en que pocos salieron victoriosos y se encumbraron como verdaderos héroes en sus comunidades.

Hoy el nado libre se practica en cualquier lugar del mundo. Con los años se ha ido perfeccionado en el desarrollo de nuevas técnicas de nado, respiración, alimentación e indumentaria de emergencia. Todo esto con el fin de hacer más segura esta disciplina, la que tiene un peligro inminente, ya que los deportistas muchas veces se encuentran solos en la inmensidad del océano.

Brazada a brazada, este deporte toma más adeptos en nuestro país y el mundo, ya que por su contacto directo con la naturaleza, se transforma en una actividad ideal para desconectarse del mundo moderno, asimismo el enorme trabajo mental y físico que requiere lo hacen perfecto para los que buscan conectar con lo más profundo de su ser.

Es en esta conexión, en la que el ser humano ha buscado y encontrado por siglos el elixir de la vida. Deportistas de todo el mundo se han aventurado por encontrar su santo grial interno, desafiándose y llevándose al máximo en proezas dignas de epopeyas de la era de Homero y Heródoto.

El primero de junio de 2018, el inglés Ross Edgley se adentró en la aventura más grande y arriesgada de la historia del Reino Unido, estuvo 157 días en el mar, sin pisar tierra, nadando 12 horas diarias combatiendo mental y físicamente el frío, la fatiga, las medusas, las corrientes marinas y el tráfico pesquero. Esto, con el fin de bordear toda la costa británica, lo cual alcanzó el 4 de noviembre de ese año, logrando así recorrer más de 2.283 kilómetros en el mar, una proeza que lo catapultó a hacer un récord Guinness.

“Mi cuerpo se va a romper en el mar, lo sé y tengo que estar mentalmente preparado para ello”, declaró en una entrevista para el sitio web de Red Bull.

Durante su recorrido, el inglés vivió varias situaciones que pusieron su integridad en juego: picaduras de medusas, encuentros con tiburones a la altura de Escocia, fuertes mareas, que lo hicieron desviarse de su curso y un esfuerzo físico que superaba las 15 mil calorías diarias, además de la pérdida de parte de su lengua debido al agua salada, fueron partes de los obstáculos que tuvo que sobrepasar para alzarse en el olimpo de la natación mundial.

En Chile también conocemos de estos atletas y de sus hazañas, tal es el caso de “La Sirena de hielo”, Barbara Hernández y de Víctor “Tiburón” Contreras y otros más. Este último prodigioso nadador de los años setenta y ochenta, cuenta en su palmarés con varias aventuras pioneras en su tiempo, como el cruce del Estrecho de Magallanes sin traje de goma en 1979 o el nado por el Canal del Beagle y Cabo de Hornos.

Pero su espíritu aventurero no se quedaría ahí, ya que marcó también un récord Guinness en esos años al cruzar los 22 kilómetros del Estrecho de Gibraltar en sólo 3 horas y 27 minutos. También, hizo lo mismo con el Canal de la Mancha entre Inglaterra y Francia, 46 kilómetros en 12 horas.

Hazañas que lo que lo motivaron a convertirse en el primer nadador en arriesgarse a cruzar las aguas antárticas sin protección, en 1982, posicionando así a Chile como tierra de almas libres del océano.