Changos: Vida y Muerte

By octubre 4, 2021Arica, Nacional

Hace miles de años atrás, cuando ningún hombre quería arrojarse a las profundas, frías y temerarias aguas del Océano Pacífico, un grupo de valientes con coraje se lanzó en busca de su Santo Grial, su supervivencia y respuestas a la vida. De este elemento agua, es donde nace, se desarrolla y perdura hasta nuestros días el legado invaluable de los primeros hombres del mar en el norte. Los Changos.

En barcazas cubiertas de pieles de lobos marinos, con un sofisticado diseño náutico, se desplazaban los Changos, desarrolladores de arpones y técnica de pesca muy avanzada para su época. Este pueblo de pescadores se ubicaba desde las costas del sur del actual Perú, hasta las costas de La Serena.

Desenvolverse a la perfección en el mar era un requisito no sólo para estar en la comunidad sino para vivir, por lo mismo, este pueblo pescador por excelencia supo dominar, enfrentar y tener la suficiente resiliencia para entablar un diálogo permanente con el mar, su supervivencia dependía de esto.

Si bien no se tiene registro alguno, es claro que esta comunidad tuvo que enfrentar días grises, crueles y de vacío permanente con pérdidas humanas por temporales, olas y corrientes marinas que abatieron a varios integrantes. A partir de esto, se puede explicar su su elaborada técnica y su conocimiento del mar, que permitieron su supervivencia por miles de años, transformando penas y tragedias por días de triunfo, alegría, abundancia de alimento y un sentido de permanencia.

Sin lugar a duda, los días de los Changos no fueron fáciles, aprender a leer las estrellas, los temporales, hacerle frente al inhóspito clima, sobrellevar su conocimiento, sus emociones y el liderazgo de la comunidad fueron retos complejos en un escenario desértico por un lado y agitado e imponente por el Océano Pacifico por el otro. Sin embargo, esta comunidad precolombina, mucho aprendió de sus ancestros anteriores, Los Chinchorros, comunidad que se concentraba especialmente en Arica, Playa Camarones y Cueva Anzota.

Desde Odiseo, navegando en las difíciles aguas del mediterráneo para llegar a Ítaca a culminar el viaje del héroe, hasta innumerables viajes y naufragios de marinos anónimos que desafiaban la leyenda de Homero, por el paso a través del Cabo de Hornos. El Mar es una tumba y una matriz materna de vida, es una cosmovisión, un sueño y una transmutación hacia algo que no sabemos.

Así como Caronte, el barquero de Hades que transportaba a las almas difuntas al inframundo. Así como Beowulf y Sigfrido en la tradición anglosajona, fueron despedidos en rituales entregados en barcaza al dios del mar Poseidón, el elemento agua ha significado para muchos un viaje sin retorno.

En este constante diálogo con el mar, es que Los Changos abandonan las prácticas de los Chinchorros de momificación y se adentran en un lenguaje metafísico de la vida y la muerte. Entre la certeza y la duda, entre el mar calmo y la tormenta, empiezan a construir un relato arquetípico del hombre en su relación con el mar.

Los Changos, sepultaban a sus muertos acompañados de sus objetos más valiosos, como arpones, arcos, flechas y embarcaciones en miniatura. Gran parte de estos cementerios están ubicados a lo largo de las playas del norte, y son de poca profundidad, en posición horizontal al mar y separados por género. Sin embargo, también se han encontrado restos enterrados bajo las viviendas y otros en montículos de piedras.

En la actualidad, los descendientes de Los Changos en su mayoría continúan con el legado milenario de la pesca, arriesgándose día a día por llevar el sustento a sus hogares, respetando al mar, trabajando en equipo con sus compañeros y encomendándose a la divinidad para volver siempre a abrazar a sus esposas e hijos luego de días de embarque. El Mar es un terreno misterioso, de certezas, penas, dudas y tragedias, de alegrías y valentía, de él, el humano ha aprendido la sabiduría, la sabiduría de perder, y de ganar, siempre con humildad.