Envoltorios y recipientes plásticos de alimentos, el nuevo mayor contaminante de los océanos

Durante los últimos 34 años, las colillas de cigarro fueron el desecho más encontrado en los mares del mundo. Sin embargo, en 2019 fueron desplazadas por envoltorios y artículos relacionados con comida, lo que se traduce en un foco de preocupación importante a nivel mundial y local, sobre todo en tiempos en que el plástico de un solo uso reina en este sector productivo.

Envoltorios de dulces o bolsas de papas fritas se convirtieron en el nuevo protagonista de la contaminación de los océanos. De acuerdo con la organización Ocean Conservancy, que año a año realiza un informe de limpieza en playas internacionales, se sacaron 4,7 millones de envoltorios y recipientes plásticos de alimentos de este tipo, a lo largo de 39.358 kilómetros de costa de todos los continentes (excepto la Antártida) durante el período 2019. Esta cifra, sitúa a esta categoría de desechos en el primer lugar de la lista de agentes contaminantes encontrados en estas actividades de limpieza, por sobre las colillas de cigarro, que acapararon este título los últimos 34 años.

El top 10 de la lista, incluye más desechos derivados de la alimentación, como botellas y tapas, sorbetes y agitadores, vasos, tapas de vasos, recipientes de comida para llevar y bolsas plásticas. La mayoría de estos productos no son reciclables, ya que el envoltorio plástico liviano generalmente es rechazado en estas operaciones porque obstruye la maquinaria.

De acuerdo con cifras dadas a conocer por National Geographic, en Estados Unidos, China, India y Europa, el 45% del plástico producido entre el 2002 y el 2014 era para empaquetar. Generalmente, estos envoltorios son de un solo uso y no son reciclables, por lo que generan un impacto muy grande en los ecosistemas. En Chile, el panorama general también es complejo. La Asociación Gremial de Industriales del Plástico de Chile (ASIPLA) asegura que sólo el 8% de los plásticos que se utilizan se pueden reciclar, y que en el país no hay capacidad para reciclar todo lo que sus habitantes consumen.

En 2019, Chile se había fijado la meta de incrementar en un 60% el reciclaje de envases y embalajes de plásticos, y para 2025 se esperaba que el 100% de los envases plásticos fueran reutilizables o biodegradables. Pero el Covid-19 se tradujo en grandes dificultades para estas metas: además de la ola de desechos plásticos provenientes del uso de mascarillas, guantes, protectores faciales, entre otros implementos; también ha impedido la realización de actividades de limpieza de playas.

En cuanto a los desechos de alimentos, este período también se ha caracterizado por ser un boom para el delivery de comida, cuyos empaques generalmente son plásticos de un solo uso. El confinamiento ha obligado a mantener cerrados por meses restaurantes y locales de comida que atiendan público, por lo que el reparto a domicilio se ha convertido en la forma de dar continuidad a este tipo de servicios. Pero actualmente existen pocas alternativas de empaque que no sean plásticos de un solo uso.

Este es un fenómeno que también se puede observar en Arica y que iniciativas que trabajan por la reducción del uso de estos materiales han observado y analizado. “Es dificultoso el escenario actual para el sector de alimentación, porque en muchos casos han debido adaptar sus negocios rápidamente a nuevas modalidades, donde el delivery es el fuerte. El empaque plástico tiene hoy la supremacía para abordar esta demanda y eso lo convierte en un tema difícil de afrontar”, explica Javier Donoso, gerente de medioambiente, seguridad y salud ocupacional de Golden Omega, compañía impulsora de la iniciativa Olas Zero Plástico, que hace tres años se dedica a fomentar el cuidado de las costas de la ciudad y reducir la contaminación por plástico que las afecta.

Donoso plantea que este es un tema importante de considerar en la nueva realidad que se vivirá en la post pandemia y que esta tendencia de que los empaques de alimentos estén en los primeros lugares de desechos es algo que podría observarse cuando se retomen iniciativas de limpieza de playas, que han debido mantenerse en pausa en estos meses. “A través de estas instancias que hemos realizado a través de Olas Zero Plástico hemos podido ver cuáles son los tipos de desechos más presentes en las playas ariqueñas y generar diversas acciones que apunten a su reducción, así como también a la concientización de la población en torno al problema del plástico en el océano. Será también el trabajo que continuaremos cuando existan las condiciones para hacerlo”, afirma.