“En el humedal tuve la suerte de sacar una foto de una Gaviota Garuma, que nadaba tratando de alimentarse, enredada. Era un nylon verde finito, que lo tenía enredado en su cuerpo y en la boca”

By septiembre 30, 2020Arica, Nacional

CRÉDITOS FOTOGRAFÍA: ANDRÉS PUIGGROS

La diversidad, belleza y particularidades de la biósfera de Arica y Parinacota abarcan gran parte registro visual de este fotógrafo, quien en esta entrevista conversa sobre especies endémicas regionales, los efectos del cambio climático, y la importancia de crear conciencia sobre los efectos que cada uno provoca en el medioambiente.

La flora y fauna de Arica y Parinacota son el eje central del trabajo que desde 2013 desarrolla el fotógrafo Andrés Puiggros, quien derivó en este arte a propósito de la observación de aves. Su conexión con la región es tal que cuando sale de sus fronteras, este ingeniero agrónomo trata de no llevar su cámara, pues explica que, para él, existe un férreo lazo entre este aparato, la observación y la naturaleza. “Es un momento para estar conectado profundamente. Entonces, la ocupo casi exclusivamente en la región”, afirma.

En videoconferencia con Olas Zero Plástico, iniciativa de la compañía ariqueña Golden Omega que fomenta el cuidado de las costas regionales, este amante de la biósfera local y embajador para Chile de la organización Nature First Photography, comenta cómo ha constatado en persona los efectos en la zona de la crisis ambiental global, y alerta sobre el hecho de que no sólo el litoral está contaminado con plástico, sino que también las riberas de los ríos y del Lago Chungará. Afirma, además, que no basta con solo limpiar pues para él es clave que la población tenga consciencia del efecto que tiene el no manejar bien los residuos.

¿Cómo describirías la riqueza natural que hay en Arica con el trabajo que has llevado hasta la fecha?

Soy de la quinta región, me encanta la naturaleza, soy ingeniero agrónomo y desde chico he vivido en campos, en ese tipo de naturaleza. Y al llegar a Arica, y ver esa biósfera distinta, cuesta. Pero al final empiezas a valorar las cosas de distinta forma y te das cuenta que hay una naturaleza muy distinta y sorprendente.

Respecto a la biodiversidad en Arica, tenemos varias especies endémicas, lo que llama mucho la atención. En aves, tenemos al famoso y conocido Picaflor de Arica, uno de los picaflores más chicos del mundo, que está en extinción: quedan entre 400 y 600 individuos.

También tenemos lugares como el Calanchucal en Arica, una autodestinación más que una reserva, que es muy particular porque ahí crece el llamado clavel del aire -Tillandsia; hay dos especies y una de ella es endémica. Ahí mismo vive el famoso Dragón de Poconchile, que es una lagartija muy chiquitita, un Liolaemus, que también es endémico. Además, en el altiplano tenemos de tres a cuatro anfibios endémicos.

Es, por tanto, una zona muy diversa, con ejemplares exclusivos que no se ven en otra parte de Chile. Hay ornitólogos que vienen a ver ciertas especies de aves en este sector.

¿Has observado cambios con respecto a la crisis ambiental que afecta al planeta?

Creo que los humanos, con el período de vida que tenemos muy corto, podemos ver pocos cambios en cuanto a los macrocambios. Respecto a los microcambios que hay -como años más calurosos, más lluviosos, más secos-, se ven cambios inmediatamente. Cuando tenemos (los fenómenos) el niño o la niña, se ven cambios en las migraciones de las aves. Aquí tuvimos, hace unos tres o cuatro años, una mortandad de una especie de aves, los Guanay: caminabas por las playas y los veías muertos unos al lado de los otros. (Por entonces) hubo muchas teorías, de que, por la temperatura del mar, el alimento disminuyó.

En el altiplano también tenemos, por ejemplo, años más lluviosos, menos lluviosos, más calurosos o menos calurosos, que han desatado “plagas de roedores”; eran tantos que se metían en algunas casas de las estancias arriba. Y, al otro año, el roedor no estaba.

No sé si será exclusivamente por un macrocambio climático, pero si se ha notado un cambio en las estaciones.

¿Te ha tocado ver algún pájaro, por ejemplo, que haya aparecido en tus fotografías con alguna traza de plástico?

En el humedal tuve la suerte de sacar una foto de una Gaviota Garuma, que nadaba tratando de alimentarse, enredada. Era un nylon verde finito, como de caña de pescar, que lo tenía enredado en su cuerpo y en la boca. También ves animales muertos o lobos de mar con plástico.

Quiero hacer un alcance, porque no es sólo en las playas, no es sólo en Arica. Las Playas del Lago Chungará y en las riberas de los ríos, también se ve. Ahí hay un tema de ampliar un poco la visión y de no focalizarnos sólo en las playas del borde costero, porque al final todo el plástico que llegar ahí viene de arriba, de las cuencas. Mencionaba el Calanchucal, que es uno de los lugares más sucios de Arica porque está justo donde empieza la primera terraza, la primera planicie, y todo el viento costero lleva hacia allá la basura, tanto la del vertedero como la de la ciudad llega allá. Se ve todo el plástico amarrado en estas especies endémicas.

Arriba en el Lago Chungará, se ven nidos de Tagua, a veces hechos de materiales diversos, pero predomina el plástico.

Eres parte de Nature First, una organización medio ambiental, ¿en qué consiste y cuáles son sus objetivos?

Más que una organización medioambiental, Nature First Photography -La fotografía con la naturaleza primero-, es una alianza internacional, bastante nueva, que debe tener 1 a 2 años. Me llamó la atención porque todo el mundo va evolucionando; hemos ido teniendo conciencia del medioambiente, de los riesgos, y la afectación que tienen en él la conducta humana. Esta alianza tiene un principio muy simple: “Alianza de la fotografía respetuosa con la naturaleza”.

Se habla de fotógrafos que tienen cámaras profesionales o semi profesionales, pero hoy en día, con las tecnologías y las redes sociales, el mayor volumen de imágenes las tienen los fotógrafos de las redes sociales, los fotógrafos de celular. Lo que esta alianza promueve, a través de siete principios, es un comportamiento respetuoso ante la naturaleza de esa gente.

¿Cómo ves que enfrenta la comunidad ariqueña temas como la contaminación o la sustentabilidad? ¿Qué llamados les harías?

Es cómo una dualidad, porque tenemos que siempre están haciendo un trabajo para proteger el medio ambiente. Pero, por ejemplo, los fines de semana vas al humedal y por mucho que tu no quieras y aunque andes con la policía, los jeeps se meten ahí, la gente saca a pasear a los perros. Entonces, falta tomar consciencia del efecto que uno provocar en la naturaleza.

Hay mucha gente que no le gusta el plástico, cierto, pero tenemos que aprender a vivir con él. Y tenemos que saber cómo reaccionar en ese tema.

Como bien dices, el plástico viene de la misma ciudad o de aguas arriba. Entonces, para ti el foco también debiera estar en educar a las personas, en concientizarlas…

Sí, porque cuando uno tiene un dolor de cabeza, se toma un paracetamol para disminuirlo, pero no nos podemos quedar en eso; hay que buscar el origen del dolor. Y, en este caso, creo que todos los esfuerzos que se hacen por limpiar la playa y el borde del lago Chungará, no son suficientes pues nunca vas a dejar de limpiar porque no vas a tratar la enfermedad. Lo que hay que hacer es crear consciencia en la gente del efecto que tiene el no manejar bien los residuos. No se trata de no usar el plástico, se trata de usarlo, pero de promover que se recicle. Ahí hay dos responsabilidades, tanto de las personas que lo utilizan como del reciclaje en sí, que en Arica es sumamente complicado, porque aún no hay empresas formales que reciclen con la Ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor). Se está trabajando en eso, pero falta hacer una integración para tener la certeza de que si te vas a hacer cargo de tu plástico, lo lleves a una planta recicladora y sea bien utilizado.