Plástico, Resiliencia y COP26

By noviembre 5, 2021Internacional, Nacional

Durante los últimos 34 años, las colillas de cigarro fueron el desecho más frecuente en los océanos . Sin embargo, entre 2019 y 2020, esto cambió debido a la pandemia del Covid-19: envoltorios, productos relacionados con comida, mascarillas y artículos de aseo hicieron su irrupción en las aguas, transformándose en un foco de preocupación global por las consecuencias que acarrean en las playas, mares y fauna marina.

El Mar

Ya hace varios años que los envoltorios de dulces o de papas fritas se han convertido en el protagonista de la contaminación de los océanos. De acuerdo con la organización Ocean Conservancy, que año a año realiza un informe de limpieza en playas internacionales, explica que en 2019 sacaron 4,7 millones de envoltorios y recipientes plásticos de alimentos de este tipo, y en 2020 fueron 3,2 millones abarcando sólo 79.358 kilómetros de las costas a nivel global, lo que da cuenta de que por ahora solo vemos la punta del iceberg del problema.

En este escenario, es que el mar ha sido uno de los grandes damnificados por la contaminación debido a la basura plástica, generando un impacto negativo en los ecosistemas marinos, ya que muchos animales acuáticos mueren por su ingesta, además de deteriorar la flora y fauna del suelo, poniendo en peligro la vida marítima que se crea.

Un dato para graficar el impacto, son los desechos plásticos (botellas, envoltorios, tapas u otros objetos), que en la práctica equivalen a verter petróleo en las aguas, puesto que muchos de estos productos ocupan este compuesto químico para su elaboración. Tal es el caso, como por ejemplo de sólo una botella plástica, la cual necesita más de 100 ml de petróleo en su fabricación.

Resiliencia Rapa Nui

Hace 18 años, cuando pocos estaban interesados en combatir la contaminación de los mares en Chile, en Isla de Pascua, Mama Piru y su marido Koro Tutuma, comenzaron a limpiar los residuos de plásticos que llegaban a la isla por medio de corrientes marinas, que arrastran los desechos del continente y de varios lugares del mundo. Ellos se adentraron en los roqueríos de la isla poniendo en peligro su integridad física y recolectando lo que más pudieron en días donde el sol trataba de abatirlos.

Esta labor se convirtió en pionera de la época, ya que fueron los primeros en reciclar el plástico recogido para crear eco-casas en la isla. A su vez, esta intervención traería frutos culturales, puesto que la famosa pianista pascuense Mahani Teave creó una escuela de música en la Isla de Pascua con eco-ladrillos, tecnología que ocupa botellas de plástico rellenas con envoltorios y papeles también recogidos del mar.

Mama Piru falleció en 2018, sin embargo, dejó un legado potente para los isleños, quienes continúan con esta misión de reciclar la basura de otros. Hábito que desde hoy la COP26 quiere fomentar en todo el mundo debido a la alta contaminación de los mares y del planeta tierra.

COP26

Frente a este escenario de contaminación, es que se está llevando a cabo a partir del pasado domingo 31 de octubre y hasta el 12 de noviembre, la cumbre climática más importante de la historia: la COP26. Instancia que servirá para fijar metas y objetivos en torno a una política medioambiental en común entre los 156 países participantes y que buscará sellar los acuerdos de Kioto en 2005 y París en 2015.

La ambición de esta cumbre no tiene parangones en la humanidad, puesto que se espera fijar y acordar políticas de reducción drásticas a las emanaciones del CO2 (industria del plástico), además de posicionar la gran meta del carbono neutral de 2030 a 2050 en la gran mayoría de los países. Asimismo, se confía que se acuerden estándares de medición internacional además de metodologías universales para que todos los participantes tengan un “código en común” en la lucha contra la reducción del cambio climático.

El calentamiento no se detiene, las temperaturas en los últimos años han aumentado de forma exponencial, dejando consecuencias apocalípticas en todo el planeta. Hoy existen ciudades que viven a más de 50 grados Celsius como Karachi en Pakistán y otras urbes donde el efecto invernadero se multiplica, como la industrial capital de China, Pekín.

Javier Donoso, subgerente de medio ambiente y sostenibilidad de Golden Omega, explica que “La COP26 no sólo tiene que unir a los líderes de los 156 gobiernos participantes a reforzar su compromiso con el cambio climático, sino también debe dar certezas a la población para que ésta se una y organice en fortalecer actividades tan mínimas, pero de un impacto gigante como lo es el reciclaje del plástico, el que hoy mantiene a nuestro mar tan contaminado”.