Este mes de junio se conmemoran dos fechas claves, el Día Internacional del Medio Ambiente (5) y el Día Internacional del Océano (8), las efemérides invitan a realizar un balance del estado actual y las necesarias acciones para preservar los ecosistemas marinos. Un dato: el plástico sigue ejerciendo un rol perjudicial pese a la mayor conciencia respecto a su impacto.

Hace pocas semanas la revista Nature Reviews Earth and Environment difundió un estudio en el que alerta sobre la sorprendente velocidad con que las partículas de plástico realizan un periplo que las lleva desde la atmósfera al océano, utilizando la corriente atmosférica. La investigación realizada por un equipo internacional de 33 científicos, de instituciones de 18 países, señala que el viento también puede transportar estas partículas a grandes distancias a mayor velocidad de lo ocurre con los residuos en el agua.

Se trata de un nuevo antecedente sobre la realidad ambiental presente en el planeta, un escenario en que a pesar del conocimiento del que se dispone, está lejos de ser manejado adecuadamente. Efectivamente, según los registros, en 2021 el nivel de contaminación plástica fue de 25 millones de toneladas, pero las proyecciones indican que podría alcanzar los 80 millones de toneladas métricas al 2040.

El estudio indica que los microplásticos también llegan a la atmósfera desde el océano a través de la arena de las playas erosionadas, cuando las burbujas de las olas estallan y emiten partículas a la atmósfera.

¿Cómo se puede detener este proceso? En primer término, los investigadores recalcan la necesidad de adoptar una estrategia global para crear una base de datos sobre el flujo de micro y nanoplásticos entre el océano y la atmósfera, lo que requiere una mayor coordinación y traspaso de información entre los organismos de distintos países.

Apuntando hacia una economía global sostenible
Y es que el daño a los océanos tiene distintas dimensiones y una ineludible, es la variable económica. De acuerdo al Foro de los Océanos de la ONU, los recursos del océano son fuentes de alimentación, empleo e ingresos para casi 3.000 millones de personas, la mayoría de las cuales viven en países en desarrollo.

El organismo señala que el comercio de bienes y servicios relacionados a los océanos tienen un valor de al menos 2,5 billones de dólares al año, aproximadamente el 3% del PIB mundial en 2020. Se calcula también que las oportunidades económicas basadas en los océanos para las que aún no existen mercados, tales como los servicios de los ecosistemas marinos, tienen un valor de al menos 24 billones de dólares.

En este sentido, la cuarta edición del Foro de los Océanos de las Naciones Unidas, organizado por una coalición liderada por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) del 6 al 8 de abril, pidió una inversión “suficiente y fiable a largo plazo en un Acuerdo Azul dedicado a la conservación y uso sostenible del océano y sus recursos”.

Se propone utilizar el comercio para proteger los océanos, apuntando a una economía sostenible. Entre sus recomendaciones destaca la necesidad de impulsar la investigación, el desarrollo y la adopción de sustitutos materiales menos contaminantes para el océano, que sean reciclables o compostables, tales como las fibras naturales, los subproductos de las algas marinas y los residuos agrícolas después de la cosecha.

Esto permitirá reducir la dependencia de los plásticos y estimular la innovación, apoyar la economía circular y desarrollar nuevas industrias, especialmente en los países en desarrollo con poca capacidad de gestión de residuos.

Javier Donoso, subgerente de Medioambiente y Sostenibilidad de Golden Omega, destaca que, pese a que los informes que se reciben respecto al estado del medioambiente oceánico pueden ser inquietantes, contar con mayor información y certeza técnica permitirá tomar medidas concretas, por duras que parezcan.

“Es paradojal que pese a la mayor toma de conciencia que existe desde hace años respecto al estado de los océanos, en la medida que disponemos de nuevos informes de organismos científicos, nos percatamos de que el estado de situación es peor de lo que imaginábamos. Pese a ello, es preferible darse cuenta de la realidad hoy, cuando existe espacio para reaccionar y adoptar medidas más vigorosas que nos permitan dar pasos hacia una relación más sostenible con el mar y el medio ambiente en general. Y ojo, la labor no es solo de los gobiernos, de las empresas, del mundo científico o de las ONG, cuando partimos con Olas Zero Plástico hace algunos años entendimos que en esta materia el esfuerzo debe convocar a la ciudadanía, son las personas las que con sus convicciones impulsarán los cambios”.